Habitar las Alturas / Marcello Berolatti

[vc_row height=»auto» css=».vc_custom_1525978012963{padding-top: 0px !important;}»][vc_column][vc_row_inner][vc_column_inner width=»2/3″][vc_custom_heading text=»Habitar las Alturas» font_container=»tag:h2|font_size:40px|text_align:left|color:%2373cb92|line_height:40px» use_theme_fonts=»yes»][vc_custom_heading text=»Marcello Berolatti – Arquitecto – Perú» font_container=»tag:h4|font_size:14px|text_align:left|color:%2373cb92|line_height:16px» use_theme_fonts=»yes»][vc_column_text]Abstract

Las condiciones del «habitar» no solo dependen del medio físico en el que uno se encuentra, depende también de la cultura de las personas que moran en este mundo, de la manera que se apropian del lugar, domestican sus casas y las convierten en hogares.

El presente artículo tiene como fin tratar de explicar las condicionantes que nos llevaron a proponer una vivienda para pastores alpaqueros alto andinos en la provincia de Melgar en Puno, Perú (a más de 4000 m.s.n.m.) y de cómo se llegó a proponer un patrón de vivienda existente con mucha historia en nuestra cultura andina.

Este proyecto fue por encargo de una empresa privada que se dedica a la industrialización de la fibra de alpaca, animales criados y cuidados por estos pastores alto andinos que viven en condiciones de extrema pobreza.[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#73cb92″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#73cb92″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]La imagen inicial

Unas bellísimas pampas altiplánicas llenas de pastizales y pajas de puna se convierten en montes tapizados por la misma textura dorada al sol; en medio de estos tapices, rompen a la luz unos montículos rocosos como una muestra terca y presente de antiguas formaciones ígneas, todo cubierto de un cielo azul tan intenso como solo puede ser apreciado a 4000 m.s.n.m., una atmósfera clarísima y transparente que hace parecer todo muy cercano, algo simplemente imposible en nuestras ciudades. Tan pronto nos acercamos al fundo,  unos lejanos rebaños de alpacas nos recordaban que no estábamos en otra dimensión.

Estos paisajes no me son desconocidos,  yo viví en la ciudad de Puno desde muy pequeño hasta mi adolescencia. Digo esto porque además del impacto que causaron en mi estos increíbles territorios, la nostalgia y añoranza asomaban a mi mente con los recuerdos de mis paseos de niñez.

El gran contraste, la fuerte experiencia traumática por decir lo menos, fue cuando me llevaron a ver el ámbito donde se construirían las viviendas, pregunté dónde es que los pastores en cuestión vivían en ese momento. Ya me habían adelantado algo: «las condiciones de la vida de los pastores eran realmente rudas y precarias», pero creo que nadie hubiese sido capaz de graficar la situación que las fotografías que adjunto intentan explicar. Visité tres ejemplos de donde pernoctan los pastores, desgraciadamente no puedo encontrar otra palabra que describa de manera más amable los ¨lugares¨ donde pasaban la noche (muchos lo siguen haciendo). El primero que visitamos era solo una cobertura de paja sobre unas cuantas ramas, sus dimensiones apenas superan las de una carpa de montaña, el piso semienterrado (más o menos 50 centímetros) de tierra y una tarima de 40 centímetros de alto, todo con evidentes muestras de humedad. El segundo caso era un pircado de piedras de medidas similares al primero y con cobertura de paja, rústicamente forrado en plástico por el interior con la inocente intención de tapar el viento helado que pasa por las ranuras que dejan las piedras entre si. El tercer caso era un conjunto de tres recintos separados, cada uno de metro y medio de ancho por dos metros de largo, formando un espacio abierto central, los recintos hechos de adobe con cobertura de paja, dentro de su precariedad, parecía ser los que mejores condiciones tenían, un recinto estaba dedicado a depósito de los enseres propios de la actividad pastoril, el segundo usado de cocina y el tercero usado de dormitorio solo que la puerta era una hojalata hecha de un viejo cilindro aplanado, los otros dos recintos tenían puertas hechas de ramitas amarradas y empastadas con una argamasa hecha de heces de alpaca.

Imagen de «Chaguas» en el altiplano andino

Entonces, no había manera de llamar a estas precarias construcciones casas, viviendas, ni menos hogares. El tema es más álgido aún, los inversionistas, los promotores, los arquitectos, vivimos en un mundo de cultura occidental, que por definición tenemos una visión del mundo ¨antropo-centrista¨, basada en la persona, en el ser, todo gira en torno del individuo, a una ordenación del mundo basada en la propiedad privada, apuntado al individuo (solitario) y ¨arrojado¨ al mundo que tiene un tiempo lineal e irrepetible, con la única certeza de la muerte. El habitante andino tiene una visión del mundo ¨cosmo-centrista¨, basada en ser y sentirse parte de un todo; él y el mundo son uno solo, se entiende en común unidad con el territorio, con el clima, con sus animales y sobre todo con su familia. Recordemos que el núcleo social fue el Ayllu. Debido a la poca relación del ámbito rural, y sobre todo en zona de altura, con la cultura occidental, es que me atrevo a afirmar que esta visión del mundo todavía persiste en nuestros días, tal como lo pudimos observar más tarde durante nuestras pesquisas en Puno.

Como consecuencia de todo esto, la familia se desintegra, los hijos van a los pueblos más cercanos donde alquilan (habitualmente) un cuarto o una casita en el mejor de los casos, la madre está siempre dividida entre atender a los hijos y laborar con el pastor en los quehaceres que haga falta. El resultado final es que los hijos pasan mucho tiempo solos, el pastor también y la madre con el stress de no saber dónde establecerse, es fácil entonces esperar que toda la familia presione al pastor a dejar el campo y buscar un trabajo muchas veces mal pagado en los pueblos o ciudades intermedias.

Sin embargo el dejar a sus animales siempre es una decisión muy dura de tomar, la relación del hombre andino con sus animales es muy fuerte, no son vistos como en el mundo occidental como una inversión que debe rendir frutos, son vistos más bien como parte de su mundo, parte de su familia y su cosmos. No encuentro forma de explicar la relación que tienen estos pastores con el paisaje, ellos le suelen llamar la estancia, término muy común en América latina que expresa una hacienda principalmente para la cría de animales. Término que me trae recuerdos de mi infancia cuando los hombres o mujeres del campo decían que se iban a sus estancias a ver sus ¨animalitos y a su chacrita¨, estos necesitaban de su compañía y cuidados, en este constante diminutivo está también la impronta del cariño y su relación más que afectiva entre su ser y el cosmos.

El Encargo Arquitectónico

El encargo de los promotores era brindar una «vivienda digna» a los pastores alpaqueros para que conserven la unidad familiar y no tengan la necesidad de abandonar el oficio y por ende el abastecimiento de la fibra para la industria a la que representaban. Estaba claro para todos que no podía ser un prototipo urbano ni occidental, tenía que ser una vivienda que se adapte a las costumbres, necesidades y forma de ser del hombre rural.

Las reflexiones previas

Me dediqué entonces a viajar al lugar donde se debería asentar el primer prototipo. Ya describí mi impresión del mismo, ahora trataba de racionalizar mis emociones e impresiones. En mi quehacer arquitectónico adquirí bastante experiencia en el ámbito rural. Mi caminar por los pequeños poblados del Altiplano puneño viene desde 1985 cuando hice un levantamiento topográfico en una comunidad en las cercanías de Yunguyo. En 1986 participé en un programa público para llevar trabajo a estos lugares -que hasta entonces estaban olvidados por el estado y el terrorismo de esos años hacía escarnio especialmente en estos lugares-. Fué entonces cuando tuve la oportunidad de construir 16 postas médicas en adobe en el altiplano, desde la frontera con Bolivia por Desaguadero, al sur del departamento, hasta Huancané al norte de Puno, casi todos en el ámbito rural.

Me enamoré de los materiales usados en estos lugares, el adobe, la piedra, las magníficas coberturas de paja, de cómo manejan estos materiales, cómo construían sus casas, el apoyo mutuo -aprendido en los cursos de historia en el colegio-, de cómo la gente pagaba la tierra con sangre de alpaca y enterraban una ofrenda (generalmente un feto de alpaca) al hacer las zanjas para los cimientos, en una ceremonia de mucha espiritualidad. La organización de las comunidades campesinas, es aleccionadora, sus asambleas, si bien es cierto que pueden ser muy intensas, nunca terminan sino hasta llegar a los consensos; aprendí de primera mano lo que significa la comunidad, el bien común y el verdadero sentido del servicio, temas muy manoseados pero muy poco practicados en nuestra civilización occidental.

¿De dónde llegan esas admirables costumbres?, ¿dónde aprendieron la tolerancia, el sentido del bien común, la ayuda mutua, etc.?. Lógicamente que no era en las escuelas de la ciudad (en las comunidades no suele haber escuelas). Se conservaban a través de valores culturales ancestrales, prehispánicos, este fue el punto de partida para descifrar el problema.

Ya desde pequeño -sin saberlo aún- pude experimentar la organización de la vivienda rural, un patio central, rodeado solo por tres lados. El cuarto, un muro bajo que ayuda a definir la intimidad del patio pero que permite la contemplación del paisaje. Para mi era natural, así es como se debería vivir en el campo. Ya mucho después, siendo estudiante de arquitectura, me enteré que este tipo de vivienda no era otra cosa que la Kancha Andina, una tipología arquitectónica prehispánica que los estudios remontan hasta la época Wari.

La Kancha Andina

Es una unidad arquitectónica que consta de dos, tres, o cuatro recintos separados y que se ubican alrededor de un espacio central dejando las esquinas abiertas pero cercadas de manera perimetral dejando pequeños espacios esquinados entre recinto y recinto. Este modelo es sumamente versátil, porque puede ir aumentando su escala y formar centros de mucha importancia como el Cori-Kancha, con más de cuatro recintos. En escalas más domésticas se repite formando manzanas como en Pikillacta (Cultura Wari) o en Ollantaytambo usado para formar, templos, palacios, o una simple unidad de vivienda. Los usos que se dan a estos recintos suele ser de depósito y de dormitorio, utilizando el espacio abierto para el resto de actividades, de acuerdo al uso que se le dé al conjunto.

Imagen Isométrica de la reconstrucción de la manzana 7 de Ollantaytambo, con las Kancha sin techo.
Figura redibujada (Autor: Fernando Cuzziramos.) en base al dibujo original extraído del libro “ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN INCAS EN OLLANTAYTAMBO” De Jean-Pierre Protzen. Fondo editorial PUCP, Lima 2005.

La búsqueda de vestigios

Como había comentado líneas arriba, yo conocía en primera persona estas viviendas, la había visto en el campo, en los pequeños centros poblados y en las conformaciones iniciales de la periferia de las ciudades intermedias. La pregunta era si se seguía usando esta tipología. Me puse a navegar entonces en el Google Earth, en las inmediaciones del lago Titicaca que era donde mis recuerdos me remitían y grande fue mi sorpresa cuando encontré que hasta hoy día están presentes y por el color de las coberturas (calamina generalmente), se podía deducir que muchas eran nuevas.

Imagen de agrupación de Kancha, comunidad campesina Huerta Huaraya, Puno. Imagen: Google Earth.

Persiste (de manera documentada) todavía el uso en las inmediaciones de Ayaviri, Huancané, Lampa, San Román, Puno y Ácora. Todas ellas en pleno uso, algunas deterioradas, otras con muy buen mantenimiento y otras recién construidas: los usos que encontré fueron en todos los casos de vivienda, pero en tres ubicaciones diferenciadas: en la periferia de pequeños centros poblados, en el ámbito rural es zonas agrícolas y algunas más precarias (principalmente de piedra) en las zonas altas, casi todas por encimas de los 4,000 m.s.n.m. en zonas alpaqueras.

Vestigios de vivienda en forma de Kancha Andina.

La propuesta

No es difícil suponer que la propuesta al final fué la aplicación de esta tipología, ya ensayada y repetida desde tiempos pretéritos. Lo único que hicimos fue adaptar la tipología a las nuevas prestaciones de confort climático, acceso a servicios, como la luz eléctrica, el agua corriente, el desagüe, etc.

Los usos fueron dados producto de conversaciones con los promotores y los beneficiarios del proyecto prototípico; el resultado también era el que se esperaba: un recinto para uso de habitación, otro para uso de depósito y el último (el central) como cocina, comedor y baño.

Vista de Planta del prototipo de vivienda con el modelo de Kancha Andina.Corte transversal del prototipo de vivienda con el modelo de Kancha Andina.

Los logros y aprendizajes

El primer logro es que la familia está ahora reunida con mejores condiciones de vida que en los pueblos pequeños, bajo un techo de calamina; tienen una cama tibia, una habitación abrigada, la compañía de la familia, los hijos llegan de la escuela casi al mismo tiempo que los pastores con sus animales, los niños tienen en el espacio abierto de la cancha para jugar con las mascotas, etc.

Imagen del modelo construido.

Una vivienda que está siendo replicada tanto por los mismos promotores, como por los pastores de zonas vecinas. Además que otras empresas que desean invertir en Puno, usan este modelo como apoyo al poblador rural en sus procesos de consulta popular, lo demuestran los grupos de personas que visitan los modelos ya construidos y en uso. El proyecto fue presentado y donado al PNVR (Programa Nacional de Vivienda Rural) del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento del Perú.

Cuando te paras en este ¨patio central¨, en la Kancha Andina, (en cualquiera) dentro del ámbito rural, tienes un sin fin de emociones, primero el silencio propiciado por la reunión de los tres recintos hacen que el viento sople suavemente en los techos de paja y ese sonido casi arrullador sea el que acompañe el atardecer. La relación con toda la naturaleza y la contemplación del paisaje desde la protección de este espacio abierto pero íntimo, hace que te sientas parte del todo, no eres el centro, eres solo parte y eso te llena de serenidad. Este espacio abierto es el espacio social y de trabajo, allí es donde se hacen los hilados, las mantas, donde se reparan los aparejos, donde juegan los hijos protegidos de la inmensidad del paisaje. En suma, es un pedazo de territorio traído a la escala del ser humano, estás allí (en el cosmos), pero estás en la intimidad de tu hogar.

Imagen del modelo construido en su entorno.

De esta experiencia aprendí que el arquitecto no es el creador, es el que tiene que descubrir lo que la gente y el territorio necesitan, ordenando los espacios que les permitan vivir en armonía.[/vc_column_text][us_separator thick=»2″ style=»dotted» icon=»fas|circle» show_line=»1″ line_width=»default»][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#0a0202″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Marcello Berolatti de La Cuba» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#0a0000″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Arquitecto principal del estudio ¨BEROLATTI  Arquitectos Contratistas Generales E.I.R.L.¨, con oficina en la Ciudad de Arequipa en Perú. Ha recibido diferentes premios a nivel local y nacional, entre ellos el primer premio Educación y Salud Macro Región Sur, en la XV Bienal de Arquitectura Peruana y en Junio del 2016 el reconocimiento otorgado por el Colegio de Arquitectos del Perú (CAP) “Por su destacada trayectoria como profesional de arquitectura, educador y gremialista y sus aportes en el desarrollo de la arquitectura arequipeña”

Docente universitario desde 1989, en diferentes casas de estudio:

  • Instituto Superior Thomas Jefferson (de 1989 al 1996).
  • Universidad Nacional de San Agustín Arequipa (de 1997 al 2002).
  • Profesor invitado por FLACAM (Foro Latinoamericano de Ciencias Ambientales, cátedra de la UNESCO en desarrollo sustentable) La Plata, Argentina (2004).
  • Universidad Católica de Santa María Arequipa (desde 2002 a la fecha)

Estudios de Pre-grado:

  • Arquitectura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA).
  • Construcciones y Topografía en la Escuela Superior de Educación Superior (ESEP) Pedro P. Diaz Arequipa y José Antonio Encinas en Puno.

Estudios de Post Grado:

  • Estudios de Maestría en ¨Planeamiento y Gestión Urbano Ambiental¨ en la UNSA Arequipa.
  • Estudios de Maestría en ¨Desarrollo Sustentable¨ en el FLACAM (Cátedra de la UNESCO en desarrollo sustentable) Universidad de Lanús, Argentina.
  • Estudios de Maestría en ¨Proyectación, Construcción y Gestión de la Vivienda Colectiva¨ en la UCSM de Arequipa.

[/mpc_callout][/ultimate_exp_section][/vc_column_inner][vc_column_inner width=»1/3″][us_image_slider ids=»3028,3033,3034,3035,3026,3027,3029,3030,3031,3032,3089,3090,3091,3092″ meta=»1″ fullscreen=»1″ img_size=»full» img_fit=»contain»][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]