Luz y sombra / Gonzalo Ríos

[vc_row height=»auto» css=».vc_custom_1525978012963{padding-top: 0px !important;}»][vc_column][vc_row_inner][vc_column_inner width=»2/3″][vc_custom_heading text=»Luz y sombra ¹» font_container=»tag:h2|font_size:40px|text_align:left|color:%23dfc978|line_height:40px» use_theme_fonts=»yes»][vc_custom_heading text=»Gonzalo Ríos – Doctor Arquitecto – Perú» font_container=»tag:h4|font_size:14px|text_align:left|color:%23dfc978|line_height:16px» use_theme_fonts=»yes»][vc_column_text]Luz

“La luz por sí sola puede crear el efecto de espacio cerrado. Una fogata encendida en una no­che oscura forma una cueva de luz rodeada por un muro de oscuridad. Quienes están dentro del círculo de luz tienen una sensación de seguridad, como si estuviesen juntos en la misma habitación”.

Steen Eiler Rasmussen[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#dfc978″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#dfc978″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]

Desde una fuente cósmica que asumimos perpetua, la luz solar transita distancias estelares y desciende sobre nosotros. A partir de ese descenso, somos inevitablemente condescendientes a ella, regulando toda nuestra existencia a su ley. Además de crear vida, la luz recrea nuestra percepción del mundo, haciéndonos acatar los valores que, en sus diferentes modos de manifestarse, le otorga a las cosas.

El pánico del ser humano a las tinieblas y a los abismos que se esconden en sus dominios exacerba la gratitud humana a la luz. Ninguna cultura ha sido capaz de encasillarla exclusivamente como fenómeno físico. Con mayor o menor grado, la luz solar ha sido también entendida desde la filosofía, la poética o la mística.

El temor a un dios ausente y a su silencio hacen irresistibles las metáforas de la luz como signo de su omnipresencia. La luz es siempre un recurso válido para explicar, a través de sus propiedades, la universalidad, la belleza, la claridad, lo infinito, lo verdadero, así como la contundente presencia de lo impalpable en nuestras vidas. La maravilla de la luz está tanto en sus propiedades como en nuestra capacidad hacia ellas.

Iglesia de la Luz, Tadao Ando Carlos Zevallos Velarde

La temporal ausencia de luz natural despierta en el hombre sus afanes de conquista. Transgredir los límites impuestos por la oscuridad nunca dejará de estar dentro de sus prio­ridades. Amansar el fuego para hacerlo ingresar a sus dominios fue su primer logro, luego se adiestraría en la detección y uso de materia combustible, para pasar finalmente a extraer de la electricidad formas de incandescencia. El ser humano valora la luz como sustancia prodigiosa que le brinda acceso al espacio que, desde las tinieblas, le resulta imposible habitar con plenitud.

El espacio existencial más básico debe ser, como bien lo reconoció Rasmussen, aquel que se forma en torno a una fogata, la cual se rodea de un muro de oscuridad y establece dominios. La luz es pródiga en parcelar espacios sin necesidad de hacer uso de la gravedad ni de la materia.

Gracias a la luz, la arquitectura establece las dos coordenadas desde donde adquiere consistencia: el espacio y el tiempo.

Iglesia de la Luz, Tadao Ando / Carlos Zevallos Velarde

El espacio arquitectónico se cualifica en función a las propiedades que la luz le concede con su claridad, su penumbra o su ausencia. Por otro lado, el tránsito de la luz entre las formas hace que nuestras concepciones temporales se desplieguen y lo doten de vitalidad, pero no de una vitalidad biológica y perecible, sino de aquella que se sucede de la reiteración de los infinitos ciclos cósmicos.

Casi todos los materiales con los que se erige un edificio son incapaces de emitir luz, pero sí de reflejarla bajo cualidades particulares. Una vez que la luz se cuela por los agujeros de un cobijo se dispersa en su interior todo un espectro cromático fruto de la asimilación y rechazo a la luz. Esta activación de propiedades no se quedará únicamente en la superficie de la materia, sino que abandonará sus límites físicos y esparcirá su esencia en el espacio, produciéndose veladuras superpuestas que son, finalmente, lo que condensa una atmósfera.

Al usar la arquitectura como tamiz, la luz adquiere ciudadanía, cuerpo, se solidifica, toma direcciones, se desplaza. A partir de ese estado es apta para esculpir las formas. Sus poderes harán que su incidencia no se restrinja a transar con los límites que ha tomado la materia, sino a transmutar la materia misma. La luz puede añadir peso o desconocer la gravedad de las cosas, puede dilatar así como comprimir los perfiles, es capaz de densificar o disolver cualquier elemento; y puede finalmente nutrir al mundo material con la información cósmica de su procedencia.

Biblioteca de la Universidad de Colombia, Rogelio Salmona / Carlos Zevallos Velarde

Sombra

“Eso que generalmente se llama bello no es más que una sublimación de las realidades de la vida, y así fue como nuestros antepasados, obligados a residir, lo quisieran o no, en viviendas oscuras, descubrieron un día lo bello en el seno de la sombra”.
Junichiro Tanizaki

Casi en simultáneo que la luz le regala una realidad al hombre, las sombras se la parcelan. Un justo equilibrio entre lo incorruptible y lo degradable teje en cada jornada el mundo material que el ser humano habita. La verdad no es privativa de lo iluminado; bajo las sombras se halla también un modo imprescindible de revelación. Mientras que la luz delinea los bordes de las cosas, las sombras las liberan de su continente formal y extienden su existencia al mundo de lo impalpable. Las sombras son un eco silente de la materia que reverbera en el escenario de lo inmediato que es donde proyectan su verdadero ser.

Así como reconocemos la energía que la luz emana, debemos admitir la potencia lúgubre de las sombras; en ellas está contenido no solo el vigor para expandir el borde de las cosas; están facultadas también para arrastrar en su desplazamiento al silencio de la materia inerte, a la fatiga que el tiempo acumula y a la frígida temperatura de lo inanimado. Toda sombra conduce sin prisa lo que en su momento la luz consumió, transportando ese lastre al irremediable agujero negro llamado noche.

Angkor Wat / Carlos Zevallos Velarde

En medio de esos desplazamientos, las sombras abrazan al hombre. No existe piel humana que llegue a curtirse lo suficiente como para ser indiferente al manto de misterio que repta por su cuerpo y la contagia con su oscuridad. La sombra no es un fenómeno que se limita a lo visual, su capacidad inclusiva hace que todo lo percibido se acomode a su justicia. Así, un color puede apagarse por la umbría, pero el silencio, seguramente, se potenciará.

Sin que haya técnica de por medio, el hombre encuentra bajo las sombras una buena forma de cobijo. De todos los albergues que se agenciará a lo largo de su vida, este será el más básico, pero seguramente será también el más sustancial. Para conseguirlo no requiere más que la voluntad de transgredir los bordes donde la luz revela que es también capaz de la agonía. El espacio definido por las sombras posee la tensión de lo oscilante. El modo más acertado de medir las sombras no es auscultando su variable longitud; las sombras se conocen más por sus grados de profundidad.

Casa Curutchet, Le Corbusier / Carlos Zevallos Velarde

Toda habitación termina de ser compuesta bajo las capacidades insustanciales de las sombras. Su participación en la cualificación del espacio arquitectónico resulta incuestionable. Al colarse la luz por los vanos y por cualquier tipo de ranura, tanto los elementos que contienen el espacio como los que moran en él, expulsan su realidad inmaterial y se funden en un contexto común. Las sombras nos advierten la existencia de otras maneras de trazar un límite, renovando nuestros conceptos sobre los poderes de la ambigüedad.

Las leyes de la luz están homologadas por las de las sombras, solo con ellas la realidad se comprueba a sí misma y deviene abrumadora. Si la luz es portadora de información cósmica las sombras densifican la terrestre. Las sombras llevan el signo del tiempo, del que los humanos se apoyan para determinar el inicio y el fin de todo ciclo.

El mundo puede revelarse de muy diversas formas y las sombras nos exponen las verdades que habitan en las veladuras del mundo, aquellas que no necesitan del hecho físico para concretarse, aquellas que se disgregan y se recomponen tejiendo en cada día sus alianzas con el universo, aquellas que nos regalan en un instante la imagen ingrávida que sostiene nuestra eternidad y finitud.

Casa Medialuna, Rubén Pesci / Carlos Zevallos Velarde

[/vc_column_text][mpc_callout preset=»preset_0″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#0a0a0a» title_font_size=»16″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Referencias» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]

  1. El presente texto pertenece a Gonzalo Ríos Vizcarra extraído del libro “Poética de un mundo habitado” y adaptado para RADAR. Las fotos son inéditas de Carlos Zeballos Velarde.

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La luz no es como el agua / Santiago de Molina

[vc_row height=»auto» css=».vc_custom_1525978012963{padding-top: 0px !important;}»][vc_column][vc_row_inner][vc_column_inner width=»2/3″][vc_custom_heading text=»La Luz no es como el agua» font_container=»tag:h2|font_size:40px|text_align:left|color:%23dfc978|line_height:40px» use_theme_fonts=»yes»][vc_custom_heading text=»Santiago de Molina – Doctor Arquitecto – España» font_container=»tag:h4|font_size:14px|text_align:left|color:%23dfc978|line_height:16px» use_theme_fonts=»yes»][vc_column_text]La luz entra en nuestros hogares por las rendijas de las puertas, por las ventanas, por los huecos abiertos en las paredes y los techos. Percibimos la luz a veces como un ser rectilíneo, violento e intruso, que rompe el tranquilo aire de la casa y lo desgarra como un cuchillo. En esas ocasiones la luz ejerce una intimidación que pasa extrañamente desapercibida en el exterior, pero que, a su paso por la arquitectura, la deja marcada como se sella a una bestia con un hierro candente. Sin embargo, otras veces su presencia es calmada y difusa, como un líquido lechoso que se cuela e inunda la estancia, hasta borrarse con el paso de las horas.

Sin embargo, la luz no es como el agua [1][/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#dfc978″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#dfc978″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]En el día a día, la luz se burla de nosotros. La vemos, lenta, reptar por el suelo y luego subir por las paredes de las habitaciones hasta desaparecer, como un reptil incansable. Otras sentimos su presencia como un fantasma impreciso, que cobra intensidad y se apaga, en un ciclo repetido y sin fin. Hasta que al día siguiente nos despierta sin amabilidad ni contemplaciones, metamorfoseada, clavándose como un largo alfiler al fondo de nuestras retinas dormidas…

La luz nos incomoda con su perpetuo deslumbramiento o con una ausencia que nos impide leer y atender a los detalles de las cosas. Siempre sobra o falta luz, y hasta en los postreros momentos, clamamos por ¡más luz!, porque nunca encontramos su cantidad precisa, justa y medida.
Cabe imaginar, que precisamente por eso, para atenuar y domesticar la intimidación de esa radiación salvaje, o el control de su bruma, el hombre inventó la arquitectura. (Y luego, mucho más tarde, las gafas de sol). Gracias a esa carcasa perforada hecha de ladrillos, piedras, adobe o madera, tanto da, el hombre fue capaz de protegerse no sólo del clima, sino de ese amasijo infinito de luxes que quema todo aquello que toca.

Tal importancia tiene la luz para el hombre que no solo por necesidad y seguridad nocturna, el hombre ha recurrido a inventar la luz artificial, gracias a velas, bombillas y leds. Hoy somos capaces de emular la luz del sol, su calor y su longitud de onda para evitar la ictericia y caer enfermos. Porque sin luz, está probado que el ser humano vive peor. Aunque a menudo se olvida que el hombre también enferma, quizás de un modo más grave aún, por la falta de esa luz controlada y resonante, porque necesita de la belleza.

Desde su comienzo la arquitectura pastoreaba la luz como se hace con diques y canales. Con sus muros y paredes, la luz se logró amansar, se moldeó y se convirtió en algo resonante para la existencia del hombre. Y es importante señalar que la luz fue controlada en la arquitectura antes que la temperatura y el agua corriente. Lo que da idea de del orden de prioridades de la historia de la humanidad.

En la búsqueda de la luz como materia está el esfuerzo de la arquitectura por dominar el tamaño, dimensión y disposición de los huecos. La historia de la luz en la arquitectura es, por tanto, la lucha de la luz y la oscuridad.

Hoy el espacio completamente iluminado es posible. El vidrio y la tecnología permiten hacer habitaciones sin sombra. Sin embargo, para nosotros pensar la luz representa la sabia lucha de contrastes con la oscuridad gracias a lugares como Ronchamp, o Chartres, antes que gracias al Palacio de Cristal de Joseph Paxton.

Efectivamente podría narrarse la historia de la luz en arquitectura como un problema de materiales, de límites técnicos para hacer huecos mayores. Y así podríamos pasar por entender el gótico o el románico como un problema meramente estático. Pero sería falsear lo más importante, y es que es más bien un cambio en el entendimiento de la luz y como ésta es capaz de configurar una idea de espacio.

Inmanejable, como el tiempo, y con quien tanto tiene que ver, la luz actúa como fluido que debe ser canalizado. La luz hace de la arquitectura un problema de fontanería, de alta fontanería. Pero no hay en ese planteamiento ni sombra de mero utilitarismo porque la arquitectura no trata de ordeñar la luz para sacar de ella simples kilowatios de energía para calentar agua o cafeteras, sino que la emplea para darse sentido, igual que los ladrillos necesitan de la argamasa para mantenerse aparejados y unidos.

La luz, como el color del cielo, es un misterio que comienza en el fondo de nuestra retina. Aunque para la moderna psicología y fisiología del ojo, la luz es una sustancia que acaba recolectada en un rincón del cerebro gracias a chispazos neuronales, cualquier arquitecto sabe que es precisamente el camino inverso el que sigue: sale desde un rincón cerebral hasta hacernos entender el universo y lo que nos rodea. La luz es una proyección que se extiende hacia el exterior, por mucho que la realidad diga lo contrario. Por eso, y antes de llegar al infinito, el filtro de la arquitectura nos hace comprender sus cualidades más profundas. Aunque cada ser humano posee un modo de ver la luz que es personal, cuando esa sustancia atraviesa el filtro humanizador que supone lo construido, todo cambia. Entonces somos seres humanos con cosas en común, y compartimos algo más que una insulsa genética.

Es la arquitectura quien toma forma gracias a la luz a la vez que la interpreta, la pondera y nos permite contemplar el mundo de un modo cultivado. Fue el Zaratustra de Nietzsche quien se levantó con la aurora, «se colocó delante del sol y le habló así: “¡Oh gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras aquéllos a quienes iluminas!”» [2]. La luz necesita de la arquitectura tanto como la arquitectura del sol, dice sin modestia. Tal vez solo así se puede comprender lo que representa la luz para el hombre y hasta qué punto no puede sino entenderla como una sustancia humanizada.

Sólo así cobra sentido la fachada del veneciano Redentore de Palladio, la definición de arquitectura de Le Corbusier o el porqué de las piedras erigidas en Stonehenge. La luz da forma a las piedras y a nosotros mismos con ellas, y tan presente está el binomio de la luz y la arquitectura que se ha convertido en uno de los símbolos predilectos de la humanidad para retratarse en el tiempo y ser conscientes de él.

[/vc_column_text][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#333333″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Referencias» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#555555″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]

  1. Frase que hace referencia al conocido cuento de Gabriel García Márquez. “La luz es como el agua”
  2. Nietzsche, Así habló Zaratustra (Primeras palabras).

[/mpc_callout][us_separator thick=»2″ style=»dotted» icon=»fas|circle» show_line=»1″ line_width=»default»][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#333333″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Santiago de Molina» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#555555″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Santiago de Molina es Arquitecto por la ETSAM y Doctor Arquitecto por la UPM. Es premio extraordinario de Doctorado. Es profesor adjunto en la universidad San Pablo CEU de Madrid y profesor invitado en la UAH. Compagina esas labores con el trabajo en su oficina de arquitectura. Ha publicado los libros, «Hambre de Arquitectura, Arquitectos al margen», «Múltiples. Estrategias de la arquitectura» y «Collage y Arquitectura”, éste último seleccionado en los premios FAD de Arquitectura y Crítica 2015. Su obra construida ha sido seleccionada en la Bienal de Arquitectura y Urbanismo Española 2013. Sus obras y sus escritos han sido publicados en diversos medios nacionales e internacionales. Dirige el blog Múltiples estrategias de Arquitectura (www.santiagodemolina.com), dedicado al pensamiento y los procesos de esta disciplina.»[/mpc_callout][/ultimate_exp_section][/vc_column_inner][vc_column_inner width=»1/3″][us_image image=»1956″ size=»full» align=»center» meta=»1″ meta_style=»modern» onclick=»lightbox»][vc_custom_heading text=»Lempertz-988-96-Photography-Rene-Burri-Ronchamp» font_container=»tag:p|font_size:10px|text_align:left|color:%23333333|line_height:14px» use_theme_fonts=»yes»][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][us_separator][/vc_column][/vc_row]

LUZ / Omar Urday

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Sacar partido tanto de la sombra como del sol, una sabiduría que ya no niegue nada, eso es lo que anhelo. (Albert Camus, correspondance)

Como un mecanismo y a la vez como un acto del tiempo, desde los inicios de las artes y la arquitectura, la luz ha revelado las formas, las superficies, los relieves, la densidad y los colores de las criaturas soñadas y materializadas de la humanidad.[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#dfc978″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#dfc978″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]

Por siglos, la observación cultivada y la intuición han nutrido a la disciplina de la arquitectura de artilugios en la domesticación y dominio de la luz, hasta convertirla en argumento en la consecución del carácter y expresión de los espacios y formas arquitectónicas. Esas maneras intuitivas son indisociables a la percepción sensorial ―una de las instancias de validación de la condición espacial y formal― convertida en personaje principal de la teoría fenomenológica, que tiene en la naturaleza de la luz una premisa de discurso.

La luz y la penumbra han incitado la exploración ―de diversas maneras y con distintas intensidades― de otros binomios antagónicos de la creación: lo temporal y lo atemporal, lo común y lo trascendente, la gravedad y la levedad, la materialidad y la inmaterialidad, los límites y lo infinito, la presencia y la ausencia. En esos términos, Louis Kahn nos heredó un modo de entender la arquitectura, el equilibrio entre el silencio y la luz; y el fotógrafo Trent Parke nos aproxima a mirar el mundo a través de la luz, que convierte en mágico lo ordinario.

Radar, en su segundo número, pretende generar un escenario compuesto de una amplia gama de aproximaciones experimentales, proyectuales y teóricas que tienen en la luz el motivo de sus indagaciones, y que poseen el rigor de una investigación disciplinar, el tránsito entre diversas fuentes interdisciplinarias y el ánimo de proponer una mirada estimulante.

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