Habitar / Josep Quetglas

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Este texto ha sido amablemente cedido por Josep Quetglas, publicado originalmente en «Circo» (M. Mansilla, Rojo, Tuñón), en el número 15 del año 1994 y republicado en el libro «Restos de arquitectura y crítica de la cultura» (Arcadia / Atmarcadia SL Ed.) en el año 2017.

“La vivienda de nuestro tiempo aún no existe”. Con esta frase aforística como todas las suyas, Mies iniciaba el programa para la Exposición de la Construcción celebrada en Berlín en 1930. “Sin embargo –seguía Mies– la transformación del modo de vida exige su realización.(1)

» La frase sugiere varios sentidos, el primero se abre al leer la frase por el envés: “la vivienda que existe no es la de nuestro tiempo”. El segundo se desprende al concluirla: “sentimos la carencia de una vivienda nuestra”.[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#73cb92″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#dfc978″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]Quiero apuntar cómo podría circular en ambas direcciones. Respecto al segundo sentido —”carecemos de vivienda”— quien quiera dar vueltas por esa cuestión quizás podría empezar leyendo entrecruzada literatura americana y alemana de los años Treinta. John Steinbeck y Joseph Roth. Los racimos de la ira y Fuga sin fin, por ejemplo. Cada una de ellas, por separado, parece proceder de unas condiciones específicas, propias, distintas: el exilio interior del judío centroeuropeo de entreguerras, la disolución de la cultura progresista, la finis Austriae, la exquisita melancolía intelectual, por parte de Roth; la crisis agraria del Oeste Medio Americano, la áspera y bíblica naturaleza, en Steinbeck. Pero la fuga es la misma, el camino hacia el mito es el mismo. Ambos relatan viajes hacia el estupor de quien ha quedado sin sitio donde estar: de donde se viene ya no existe, y no hay lugar adonde ir.

Anatole Kopp publicó hace algunos años un libro, Quand le moderne n’était pas un style mais une cause(1988), lamentablemente de poca fortuna entre nosotros, donde comparaba entre sí dos procesos contemporáneos, producidos durante aquella misma década de los años treinta, correspondientes a algo que podríamos llamar provisionalmente cultura de élite y cultura popular. Por cultura de élite, Kopp describía el modelo de vivienda con el que los arquitectos exiliados alemanes imaginaron su refugio –frágil, provisional, desarraigado– en Gran Bretaña o Estados Unidos. Mies localizando su primera casa americana sobre un puente, Gropius imaginando su vivienda con los materiales y la silueta de un carromato de nómada. Por cultura de masas, Kopp describía, contemporáneo a ese exilio sumatorio de individualidades, el éxodo masivo, anónimo, que en Palestina, México, los Estados Unidos de Roosevelt o la Unión Soviética de los primeros planes quinquenales presencia la migración de decenas y cientos de miles de personas, y que obliga a la invención de un modelo de vivienda transitorio, parada de acogida a medio camino, filtro entre la vida agraria y la vida urbana, apelando a una hibridación entre la modelística de los CIAM y las construcciones vernáculas, tradicionales, en adobe y madera  –y cuyos ecos tardíos llegarían entre nosotros hasta la postguerra, con las reconstrucciones de regiones devastadas o los poblados de absorción: De la Sota y Coderch ya estarían ahí–.

Aquello que sería característico de esa década –recordémoslo, no es cualquier década, es la de la prehistoria sentimental de nuestro tiempo– sería por tanto, una errancia generalizada. En consecuencia, la de la dificultad por establecerse en un lugar donde arraigar y fundar casa. Wright, expulsado cada vez más lejos; de Ocatillo a Arizona: el puro desierto, el campamento de lonas, sin techo, el firmamento.

El arquitecto más ingenuamente sensible a la condición contemporánea –Le Corbusier– recoge inconscientemente esta situación, cuando el domicilio no es para él sino una franja horaria, cotidianamente atravesada por el habitante, atado a su exilio eterno sobre el ciclo solar de las 24 horas: Sísifo rodando en una noria. En el primer sentido de la frase de Mies «la vivienda que hay no es la de nuestro tiempo”, Mies está reconociendo la inactualidad de un modelo de vivienda, activo durante un siglo. Para entendernos: el de la hegemonía de la cultura burguesa. Es el mismo modelo que, mientras Mies escribe su frase, Walter Benjamin está analizando y descubriendo capa a capa.

“Bajo el reino de Louis-Philippe hace su entrada en la historia el individuo particular. Para éste, los locales de vivienda se encuentran por primera vez en oposición con los locales de trabajo. […] El particular, que en su despacho sólo tiene en cuenta realidades, pide que en su interior se le alimenten las ilusiones. En la disposición de su ambiente privado, rechaza sus preocupaciones. De ahí derivan todas las fantasmagorías del interior; para el particular, éste representa el universo. Reúne las regiones lejanas y los recuerdos del pasado. Su salón es un palco sobre el teatro del universo. El interior es el asilo donde se refugia el arte. El coleccionista viene a ser el verdadero ocupante del interior. Asume la tarea de idealizar objetos. Es a él a quien le incumbe esa tarea de Sísifo de quitar a las cosas, porque él las posee, su carácter de mercancía. Pero no puede conferirles más valor que el que poseen para el aficionado, no su valor de uso. El coleccionista se complace en suscitar un mundo, no solamente lejano y difunto sino, al mismo tiempo, mejor; un mundo donde, a decir verdad, el hombre está tan poco provisto de lo necesario como en el mundo real, pero donde las cosas están liberadas de la servidumbre de ser útiles».(2)

Benjamin ha construido el modelo de ese interior-funda; teatro y güarida donde se custodian los valores del habitante, donde éste deja huellas sobre cada objeto que le reflejan sus rastros, como si cada objeto fuera un espejo que representa al habitante («Habitar significa dejar huellas»: Walter Benjamin, 1935) más aún: que le devuelve como representación, aquello que no posee.

Lo que quiero decir es que entre ese interior burgués ochocentista, acolchado como una bata y la racionalización de los CIAM o de los arquitectos de la Existenzminimum no hay ruptura. El modelo ahí es siempre la vivienda como estuche que custodia los valores, los gestos, la memoria del habitante. Los diagramas de Klein, rastreando los trayectos y recorridos del habitante en su vivienda son su límite: la vivienda como puro rastro. Ese sentido de la guarida es lo ya inactual cuando Mies o Benjamin escriben. Los pasos del habitante no pueden detenerse en un local, siguen un vector abierto, trazan una fuga sin fin, flecha lanzada al aire, sin diana.

Cada vez que la releo, siempre me detengo tras una frase de la Introducción general a la crítica de la economía política, de Carlos Marx. Es ésta: «Un vestido, por ejemplo, no se convierte en vestido real sino en el acto de llevarlo; una casa inhabitada no es, de hecho, una casa real”.

La frase no esconde mayor enigma, si se la lee en su contexto donde Marx, hegelianamente, está recordando cómo la producción no se realiza y verifica sino en su opuesto, en el consumo, uso y desgaste del producto distribuido. Pero creo que, en este caso, es mejor descontextualizar la frase para permitirle, en una lectura a ras de letra, desplegar sus reflejos imaginarios.

Una casa inhabitada no es, de hecho, una casa real. ¿Qué es, pues? Pasando la negación al otro lado de la ecuación: una casa inhabitada es, de hecho, una casa irreal. ¿Y qué es una casa “irreal”?, ¿cómo son las casas irreales -de hecho- realmente construidas? Una primera imagen, quizás la directamente aludida por Marx, son esas casas nuevas, recién construidas, desamuebladas, aun oliendo seminalmente a yeso y barniz.

¿Sabríamos quizás operar en alguna otra dirección, en la ecuación de la frase de Marx? Por ejemplo así: “una casa inhabitada es una casa sin habitante”. Es cierto, pero no dice nada nuevo, coincide con lo que ya sabíamos. Pero también puede ser esto: “una casa inhabitada es una casa con inhabitante”. Eso ya es otra cosa, ahí nos hemos encontrado con un personaje inesperado: el inhabitante.

Recuerdo un cuento de Henry James, El rincón feliz, donde alguien visita a solas, cada noche, la casa vacía de lo que fue su infancia, de la que es propietario y que conserva sólo para esas visitas nocturnas, ocultas a todos. Una noche comprende que hay alguien más en esa casa; siente que, sin advertirlo, ha entrado un visitante, se ha colado un extraño. Empieza entonces una agónica persecución, a lo largo de la cual el propietario está simultáneamente buscando y escapando de la amenaza del intruso. En el culmen del circuito, al irse a encontrar por fin cara a cara con el otro, un colapso golpea y detiene al propietario: el lector descubre que es otro él, del mismo propietario, a quien estaba buscando y rechazando. Es consigo mismo a quien se enfrenta. Los opuestos, el propietario y el intruso, el que recuerda y el recién llegado, desgarran, a lado y lado de cada puerta, a un mismo individuo(3). Siempre he recordado este cuento al pensar en el Pabellón de Mies.

¿Qué es un inhabitante? Quien habita sin poseer, sin estar, sin hacer, sin poder; aquél que no vive su presencia, sino que representa su vida.

El sujeto abstracto, el productor y producto del trabajo abstracto, la persona de la sociedad del capital, el individuo moderno: nosotros. («El hombre desrealizado hace de su domicilio un refugio”: Walter Benjamin, 1935.)

Hasta aquí, entre casa real y casa irreal, entre habitante e inhabitante, entre casa de nuestros días y casa inactual, entre carencia de casa y posesión de casa, se han ido trazando, involuntariamente, inexorablemente, unas relaciones especulares, de simetría y oposición. Cuando Adolf Loos habla de la casa no creo que pueda ser casual que se construya idéntica figura. Me refiero a los siguientes dos párrafos, uno de ellos entre los más leídos de Loos:

“Hoy la mayoría de las casas gusta sólo a dos personas: al propietario y al arquitecto. La casa tiene que gustar a todos. A diferencia de la obra de arte, que no tiene que gustar a nadie. La obra de arte es asunto privado del artista. La casa no lo es. La obra de arte se introduce en el mundo sin que exista necesidad para ello. La casa cumple una necesidad. La obra de arte no debe rendir cuentas a nadie, la casa a cualquiera. La obra de arte quiere arrancar a las personas de su comodidad. La casa tiene que servir a la comodidad. La obra de arte es revolucionaria, la casa es conservadora. La obra de arte enseña nuevos caminos a la humanidad y piensa en el futuro. La casa piensa en el presente. La persona ama todo lo que sirve para su comodidad. Odia todo lo que quiera arrancarle de su posición acostumbrada y asegurada y le abrume. Y por ello ama la casa y odia el arte. Así, ¿la casa no tendría nada que ver con el arte y no debería colocarse la arquitectura entre las artes? Así es. Sólo hay una pequeña parte de la arquitectura que pertenezca al arte: el monumento funerario y el monumento conmemorativo. Todo lo demás, lo que sirve para un fin, debe quedar excluido del reino del arte”.(4)

“Hay una muestra de cómo puede emitir juicio una persona no especializada en este tipo de cosas, en el ejemplo de Raoul Auernheier, cuando escribe en su “Muerte de la casa”:

«Puede pensarse lo que se quiera sobre la casa del arquitecto Loos, pero en ningún caso da la impresión de un sonriente heredero. Su modernidad le da seguramente poca satisfacción a sí misma, aparece triste y melancólica, ensimismada, y muestra un visage bien rasurado, donde no habita ninguna sonrisa; posiblemente por principio, porque tampoco la sonrisa sea más que un ornamento». Esto es cierto. Esas frases muestran lo distintas que son nuestras consideraciones acerca de la belleza. Pienso que el rostro bien rasurado de Beethoven, donde no habita ninguna sonrisa, es más hermoso que las divertidas barbas en pico de los socios de la Casa de los Artistas. Serias y solemnes deben presentarse las casas vienesas, como siempre lo han parecido, serias y solemnes. ¡Basta de fiestas de mequetrefes, basta de bromas! Quisiera acabar con las bufonadas en arquitectura».(5)

Leamos entretejidas ambas frases. En la primera, casa y arte se enfrentan, opuestas como a lado y lado de un espejo. Todo el párrafo va nombrando, uno tras otro, valores, cualidades, adjetivos de la casa y de su opuesto, el arte. Pero “arte” es también una cualidad, no una entidad. Sólo en la última frase Loos deja de aludir a valores de una cosa y otra para, finalmente, dar el nombre de lo opuesto de la casa: la tumba. Pero el opuesto de la casa tiene también, recordémoslo, otros nombres: la casa irreal, la casa inhabitada, la casa del inhabitante. En el párrafo siguiente, donde se alude al artículo de un periodista que había escrito sobre su casa en la Michaelerplatz, titulándose el artículo, precisamente, “Muerte de la casa”, Loos mantiene, enterrada entre líneas, esa misma imagen del espejo, de la casa mirándose a sí misma, poniéndose seria, viéndose como tumba, frente al espejo donde se ha afeitado.

La vivienda de nuestro tiempo aún no existe. Existe la vivienda que no es nuestra, la de otro tiempo que no es nuestro, y existe la vivienda nuestra, de nosotros, inhabitantes, que no tenemos tiempo. Quien está fuera del tiempo no vive, o vive una vida ficticia («Como había previsto Fourier, es cada vez más en los despachos donde hay que buscar el marco verdadero de la vida del ciudadano. El marco ficticio de su vida se constituye en el domicilio privado», Walter Benjamin, 1935). El marco ficticio de nuestra vida real, el marco real de nuestra vida ficticia. Esa es nuestra casa, una tumba.

(Final alternativo, feliz:
La vivienda de nuestro tiempo aún no existe; sin embargo, la transformación del modo de vida exige su realización. Esta exigencia sólo puede cumplirse en el curso de un continuado movimiento real, capaz de cancelar tanto la vida ficticia –la vida sometida a medida, juicio y valoración por parte de otros– como el lugar de su representación –el dominio privado como refugio y escenario de los valores del individuo-. Entonces la casa, desaparecida como institución, como lugar específico opuesto a los otros lugares –por cuanto el ocio dejará de ser la aparente oposición al trabajo, y lo privado dejará de ser la aparente oposición a lo colectivo– estará por todas partes: será cualquier lugar, cada espacio y cada tiempo donde se afirme y reencuentre un sujeto libre y múltiple, igualitario y real.)

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  1. Publicado en Die Form n° 7, Junio de 1931, pág. 241.
  2. De los cuadernos de 1935 de París, capital del siglo XIX.
  3. Leed cómo acaba. Hay varias traducciones. El título original es, The Jolly Corner, (1908).
  4. Adolf Loos, Arquitectura, (1910).
  5. Adolf Loos, Mi casa en la Michaelerplatz, (1911).

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Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, siendo profesor en la misma desde 1974. Obtuvo el título de doctor en 1980 con una tesis dirigida por Rafael Moneo.

Desde 1988 es catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña realizando investigaciones en los campos de la historia del arte y la arquitectura moderna y contemporánea.

Ha organizado las revistas «Calle de la Ciudad» (1977-80), «Revista Técnica» (1988-89) y «Web Architecture Magazine. WAM» (desde 1996). Ha organizado y dirigido las colecciones de libros «Colección de Arquitectura», por el Colegio de Aparejadores de Murcia (entre 1980 y 1985), y la «Biblioteca de Arquitectura», por El Croquis Editorial, Madrid (desde 1992). Y en 2006, la revista Cuadernos de Arquitectura y Urbanismo, del Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña. Dirige desde 2002 el anuario Massilia.

Ha escrito y publicado decenas de libros, donde destacan Pasado a limpio I y II (Ed. Pre-textos, Valencia, 1999 y 2002), El horror cristalizado. Imágenes del Pabellón de Alemania de Mies Van der Rohe (Ed. Actar, Barcelona, 2001), Artículos de ocasión (Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2003), Breviario de Ronchamp (Ed. Ediciones Asimétricas, Madrid, 2017), entre otros.

Recibió la medalla del FAD en 2002. En julio de 2009 fue galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura y Espacio Público , concedido por la Generalitat de Cataluña, por su incansable investigación y divulgación de estudios sobre Le Corbusier incorporados a «Massilia. Anuario de études corbuséennes» y por su dilatada trayectoria como crítico de arquitectura. Se le concedió el premio Ramon Llull de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares del año 2011.

[/mpc_callout][/ultimate_exp_section][/vc_column_inner][vc_column_inner width=»1/3″][us_image image=»2924″][vc_column_text]Fotografía: www.sancheztaffurarquitecto.wordpress.com[/vc_column_text][/vc_column_inner][vc_column_inner][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]

Utopías. El nacimiento de la vivienda multifamiliar / Cristina Dreifuss Serrano

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William Morris, “Los objetivos del arte” (1877)[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#73cb92″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#73cb92″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]

Durante la historia de la arquitectura, el arquitecto tenía un rol volcado hacia las clases altas. Era el constructor de palacios, templos, teatros y castillos. La vivienda de la gente común, por otro lado, surgía, alrededor de los centros religiosos y de poder, a través de la autoconstrucción. La función de habitar –dwell– estaba, por lo tanto, profundamente ligada a la cotidianidad y al trabajo manual, y era una respuesta que la misma gente ideaba frente a sus necesidades.

Con la revolución industrial, este panorama cambia. Las oleadas migratorias que ocupan las periferias de las ciudades industriales, presentan un problema de salud, seguridad y ornato. Algo debe hacerse frente a la situación de los asentamientos informales.

La tarea de encontrar una solución recae entonces en los arquitectos, quienes son designados a diseñar y proveer vivienda en masa, que dé respuesta a esta creciente necesidad (Kostof, Castillo, & Tobias, 1995, pág. 584).

Uno de los primeros proyectos de vivienda multifamiliar, a inicios de la Ilustración, es el de las Salinas de Chaux, también conocidas como Saline Royaleen Arc-et-Senans, Francia. La concepción del proyecto es de Claude-Nicolas Ledoux (1736-1806), quien había sido contratado por el rey Luis XVI como comisionado de los trabajos de sal en la región. Por iniciativa propia, el arquitecto presentó en 1774 un plan para una ambiciosa ciudad ideal en Chaux, construida en torno a los trabajos de extracción y procesamiento de la sal.

Salinas de Chaux (artchist.blogspot.com)

Por lo ambicioso del proyecto, y las pocas consideraciones prácticas del mismo, éste fue abandonado, pero un año después Ledoux presentaría un segundo proyecto  cuya construcción se iniciaría ese mismo año. Ambos proyectos consideraban los edificios de producción como elementos centrales y jerárquicos, rodeados de una “ciudad” de vivienda y servicios para los trabajadores, en palabras del arquitecto. La segunda propuesta colocaba los edificios de vivienda de modo radial, alrededor de los edificios productivos, con el fin de que se pueda instituir “la vida cooperativa y asociativa bajo el ojo benevolente de algún supervisor” (Kostof, Castillo, & Tobias, 1995, pág. 567)

Este proyecto puede considerarse como “uno de los primeros ensayos de arquitectura industrial, así como una integración consciente de unidades productivas y vivienda de trabajadores” (Frampton, 1992, pág. 16). Si bien sólo se construyó los edificios principales de la fábrica, y no las viviendas, las dos imágenes presentadas por Ledoux se hicieron conocidas, y despertaron la imaginación de las siguientes generaciones.

Es curioso, sin embargo, que muchas de las primeras preocupaciones en torno a la vivienda masiva no vinieran de los arquitectos, sino de otros profesionales a quienes los problemas de hacinamiento y malas condiciones de habitabilidad afectaban directamente: los empresarios.

Robert Owen (1771-1858) fue un empresario, filántropo, y uno de los creadores del socialismo utópico. Es uno de los primeros promotores de la jornada laboral de ocho horas, que implementó en su propia fábrica. A lo largo de su vida promovió una serie de proyectos teóricos y prácticos que buscaban mejorar la calidad de vida de las personas a través de la vivienda. El más exitoso es la comunidad de New Harmony, en Indiana, que con el tiempo se convirtió en un centro de investigación en educación y ciencia. Los residentes del pueblo se encuentran entre los primeros en establecer una escuela pública para hombres y mujeres.

Sin embargo, Owen es más conocido por sus proyecto del New Moral World, una ciudad ideal cuyo diseño nunca se construyó. En esta, las personas estarían separadas según edad, con el fin de mejorar su desempeño: así, los ancianos ocuparían el primer nivel del edificio, los niños el segundo, y los adultos en edad de trabajar, los niveles superiores.

El complejo se complementaba con edificios públicos, escuelas y bibliotecas, pensados en el bienestar de los trabajadores. Nunca fue construido, pero Owen lo siguió utilizando como ejemplo para el desarrollo de sus ideas sobre el bienestar de los trabajadores.

Charles Fourier (1772-1837), otro de los fundadores del socialismo utópico, proyectaría uno de los complejos multifamiliares más conocidos del siglo XIX. El Falansterio, cuyo nombre proviene de la unión de las palabras falangey monasterio, es un edificio pensado para contener una comunidad de alrededor de 1800 personas, dividida en falanges, o grupos, organizados para trabajar en comunidad, sin salarios ni propiedad privada. Además de las unidades de vivienda, parte del edificio estaría ocupado por servicios públicos: comedor, biblioteca, oficina de correos, capilla, tiendas y talleres (Kostof, Castillo, & Tobias, 1995, pág. 581).

Fourier agrega al proyecto una dimensión adicional: el diseño está basado en el de un palacio, y busca despertar en sus habitantes un sentido de orgullo y dignidad, alejado de las terribles condiciones de los asentamientos periféricos. Al igual que el proyecto de Owen, el Falansterio separa a las familias según sus edades y necesidades, y promueve además el amor libre, como un modelo más natural de promover la procreación.

Falansterio (cadiznoticias.es)

El proyecto dio pie a una serie de reflexiones que se prolongarían hasta nuestros días. Victor Considérant (1808-1893), discípulo de Fourier, comparó la deseada autonomía del proyecto con “albergar 1800 hombres en el medio del océano, a seiscientas leguas de cualquier costa” (Frampton, 1992, pág. 22). Si bien Considérant utiliza esta metáfora con connotaciones negativas, años después Le Corbusier la tomaría prestada como una característica más que deseable de sus proyectos de vivienda social, a los que comparó con transatlánticos.

Al igual que el proyecto de Owen, el de Fourier nunca fue construido, pero dio pie a uno de los primeros proyectos multifamiliares exitosos.

El Familisterio es un planteamiento del empresario Jean-Baptiste André Godin (1817-1888), quien, desde un origen humilde, había logrado poseer una exitosa fábrica de estufas de metal. Conocedor de las ideas del socialismo utópico, y preocupado por el bienestar de sus trabajadores, inicia la construcción de un proyecto social de vivienda, que incluiría una guardería, un colegio, un teatro, tiendas, y una serie de servicios para los trabajadores.

Toma de partida la idea del Falansterio de Fourier, pero incorpora un cambio radical: las personas estarían organizadas por familias, y es así que el proyecto tomaría el nombre de Familisterio.

El complejo se plantea en torno a tres edificios de vivienda, alrededor de patios centrales. La estructura permite que dichas viviendas se subdividan, de modo que las unidades resultantes varíen en tamaño dependiendo de la cantidad de miembros en cada familia (Adda, 1996). En el proyecto original, la planta baja iba a estar destinada a cafés, bibliotecas y locales para la comunidad, pero finalmente se decidió que fueran también viviendas.

Familisterio-(enlacearquitectura.com)

Desde su inauguración, en 1880, funcionó como vivienda hasta la década del 60, cuando se planteó un cambio de uso que, al no ser exitoso, hizo que se regrese a la función de multifamiliar. Si bien algunos de los edificios anexos han sido demolidos o han cambiado de uso, la esencia del multifamiliar se mantiene. Más importante aún, muchas de las ideas que lo originaron siguen teniendo vigencia en el diseño y construcción de los más exitosos multifamiliares contemporáneos.

Es interesante reflexionar en cómo el hábitat multifamiliar nace de ideales de bienestar y calidad de vida, y de cómo la manera de habitar ha cambiado muy poco a lo largo de la historia. Exceptuando algunas adecuaciones de nuevas tecnologías, los seres humanos, en esta búsqueda de bienestar, quieren establecerse en hogares acogedores que permitan, a la vez, forjar lazos comunitarios. Dos características que, lamentablemente, pocos proyectos multifamiliares contemporáneos logran.

[/vc_column_text][us_separator][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#333333″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Referencias» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#555555″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Adda, C. (Director). (1996). Le Familistere. Une cité radieuse au XIXème siècle[Motion Picture].

Frampton, K. (1992). Modern Architecture. A Critical History.London: Thames & Hudson.

Kostof, S., Castillo, G., & Tobias, R. (1995). A History of Architecture: Settings and Rituals.Oxford: Oxford University Press.

Noble, R. (2009). Utopias.Cambridge, MA: The MIT Press.[/mpc_callout][us_separator thick=»2″ style=»dotted» icon=»fas|circle» show_line=»1″ line_width=»default»][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#333333″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Cristina Dreifuss Serrano» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#555555″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Doctora en Teoría de la Arquitectura, especializada en estética de la ciudad informal, apego al lugar y enseñanza de la arquitectura.
Profesora a tiempo completo e investigadora en la Universidad de Lima, Perú. Coordinadora de investigación para la Carrera de Arquitectura.
Directora de grupos de investigación en informalidad y uso social del espacio, tanto en asentamientos informales como en habitaciones de clase media. Actualmente desarrolla un Post Doctorado en la Università degli Studi di Roma, La Sapienza.[/mpc_callout][/ultimate_exp_section][/vc_column_inner][vc_column_inner width=»1/3″][us_image_slider ids=»2805,2804,2803″ fullscreen=»1″][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]

Neofeudalismo inmobiliario / Josep Maria Montaner – Zaida Muxí

[vc_row height=»auto» css=».vc_custom_1525978012963{padding-top: 0px !important;}»][vc_column][vc_row_inner][vc_column_inner width=»2/3″][vc_custom_heading text=»Habitar, una aproximación política
» font_container=»tag:h2|font_size:40px|text_align:left|color:%2373cb92|line_height:40px» use_theme_fonts=»yes»][vc_custom_heading text=»Neofeudalismo inmobiliario y el problema de la vivienda
» font_container=»tag:h3|font_size:18px|text_align:left|color:%230a0505|line_height:20px» use_theme_fonts=»yes»][vc_custom_heading text=»Josep Maria Montaner, Catedrático ETSAB – Zaida Muxí , Profesora ETSAB – España
» font_container=»tag:h4|font_size:14px|text_align:left|color:%2373cb92|line_height:16px» use_theme_fonts=»yes»][vc_column_text]Abstract

El artículo responde a la cuestión del habitar desde una interpretación política repasando la situación contemporánea de la cuestión de la vivienda en el mundo centrándose en el caso de la crisis inmobiliaria en España, poniendo referencias de las políticas en Europa y señalando algunas tendencias en la manera de afrontar la cuestión de la vivienda en América Latina. Se reclama un nuevo papel de los arquitectos y arquitectas que sea capaz de defender a la vez la calidad de la arquitectura y el urbanismo de la vivienda así como sus valores sociales como derecho humano esencial.[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#73cb92″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#73cb92″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]

En 1872 Friedrich Engels escribió una serie de tres artículos bajo el título de “El problema de la vivienda” que recopilados se convirtieron en un libro fundacional y clásico(1). Con este texto Engels estaba delimitando y conceptualizando un problema que ya era estructural y endémico de la economía capitalista. Según él, ni la filantropía, ni el higienismo, ni el socialismo utópico, iban a resolver el problema de la vivienda.

Este solo se solucionaría con la revolución social ya que el problema de la vivienda es estructural al sistema económico capitalista que se basa en la propiedad privada del suelo y en la explotación de la fuerza de trabajo. En el contexto del capitalismo, el valor de cambio de la vivienda es un elemento clave de dominio, explotación y esclavización, ya tenga el obrero que buscar la residencia por su cuenta, ya sea el empresario o industrial en el que se la facilite cerca de la fábrica o el lugar de trabajo. Y ello no iba a cambiar con las propuestas del paternalismo empresarial o del socialismo utópico. El mismo Engels había dejado clara la diferencia en su texto esencial, “Del socialismo utópico al socialismo científico”(2). Por lo tanto la explotación del trabajo va estrechamente ligada a la propiedad del suelo y al control del mercado de la vivienda. En la actualidad, tal como ha señalado la urbanista brasileña Raquel Rolnik, las dos grandes características de la ciudad en esta época neoliberal han estado, por una parte, la proliferación de la arquitectura de las grandes firmas dedicada a la “global class” –los rascacielos y otros objetos proyectados por las estrellas de la arquitectura y sus secuaces- y por otra parte la insistencia en convencer a la sociedad de la falsedad de que con la casa en propiedad y el crédito hipotecario individual se iba a resolver el problema de la vivienda y de la ciudad(3). Más recientemente en su último libro “La guerra de los lugares”, nos explica como la vivienda, convertida en valor de inversión financiera, acrecienta el problema de acceder a la vivienda como derecho(4).

A principios del siglo XXI dicho problema sigue siendo acuciante en las grandes ciudades de los países en desarrollado y lo es, paradójicamente, en la España contemporánea caracterizada por el capitalismo inmobiliario y por la política neoliberal aplicada desde finales de los años noventa. Basándose en la falsedad de que la vivienda era cara por la falta de suelo, se decretó en el año 2000 que todo el suelo era urbanizable, una liberalización que generó una transformación insostenible. Se demostró que no es la cantidad sino la calidad (dotaciones, centralidad, servicios) lo que da precio al suelo, mientras que el precio de la vivienda lo fija el mercado en función del máximo endeudamiento posible de las familias. Mientras que en la mayor parte de Europa(5) –Francia, Austria, Finlandia, Suecia, Alemania, etc– a pesar del encarecimiento del precio de la vivienda se ha intentado garantizar el derecho a una vivienda digna con el de control de los precios y la promoción de vivienda protegida adecuada al estado del bienestar, en nuestro país las dos legislaturas gobernadas por la política de derechas consiguieron hacer reaparecer el problema de la vivienda bajo la fórmula de la “burbuja inmobiliaria” que explotó en el año 2008. Este grave factor de riesgo por el dominio del sector inmobiliario en el Estado español y por los efectos de exclusión fue especialmente destacado en los informes que el relator de las Naciones Unidas para el derecho a la vivienda Miloon Kothari elaboró en los años 2006 y 2007(6).

La vivienda se convirtió, debido al bajo rendimiento financiero de las bolsas a nivel mundial en un festín especulativo para los inversores. Al mismo tiempo, cada vez más población quedaba excluida sin tener acceso a un derecho convertido en puro negocio. Las plusvalías del boom inmobiliario que se reforzó desde 1997 hasta su estallido en 2008 han llevado a la inflación de precios de la vivienda más exagerada e irresponsable de la historia, comportando un mayor empobrecimiento y debilidad de la economía de la mayoría de los ciudadanos. Se puede calcular que casi el 30% de españoles, unos 8 millones, quedan fuera de la promoción privada y pública de vivienda, en los que se incluye el 20% que está por debajo del umbral de la pobreza. Se trata de sectores marginados incluso de las políticas públicas que no pueden acceder a viviendas sociales o de precios tasados.

Muchos países desarrollados han pasado por la experiencia de fuertes crisis relacionadas con los booms inmobiliarios: Holanda en 1982 en que el precio real de la vivienda cayó un 48% y Finlandia entre 1991 y 1992 en que cayó un 47%. El caso más espeluznante fue el de Japón que entre 1992 y 1996 sufrió una caída aproximadamente del 33%, provocada por el blanqueo de dinero en el sector inmobiliario por parte de las redes de crimen organizado de los llamados “Yazuka”, mafias japonesas dedicadas al tráfico de estupefacientes, la prostitución y la extorsión. En Japón se provocó un verdadero desastre financiero y social con miles de personas que perdieron su vivienda (cuya hipoteca pasaba a estar por encima de su valor en el mercado) viviendo solas en la calle a pesar de mantener algunos su puesto de trabajo. Y a raíz de estas crisis, países como Holanda y Finlandia replantearon su política de vivienda, reforzando la creación de vivienda protegida. Países como Dinamarca, o ciudades como Viena, se encuentran en mejor situación; esto es resultado de la diversificación de los modelos de acceso y tenencia: un gran porcentaje de alquileres protegidos, la cesión de uso y modelos cooperativos de propiedad compartida.

En el caso español es evidente que la caída del número de viviendas protegidas realizadas en España entre 1997 y 2004 no era nada inocente: para proteger los intereses inmobiliarios, manteniendo el alza de los precios, se procuró que la vivienda social pasara del 50% del total construido en los años ochenta al 10 % a finales de los noventa no compitiendo con el mercado libre. Esta situación se trató de corregir con la nueva política desde el Ministerio de la Vivienda del gobierno del PSOE (2004-2010), que en el año 2007 promulgó una nueva Ley del Suelo que intentaba evitar el crecimiento expansionista y desarrollista, buscando un urbanismo acorde con el desarrollo sostenible; y desde las políticas autonómicas como la de Cataluña, con su Ley para el Derecho a la Vivienda (2007), elaborada por el Departamento de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalitat de Catalunya, a pesar de que la coyuntura financiera no haya sido favorable para llevarla adelante y hacerla cumplir. Sólo en estos tres últimos años, desde 2015, en los municipios gobernados por la izquierda los artículos de la ley han empezado a aplicarse. En Barcelona se siguen los criterios de disciplina de vivienda por lo que respecta a pisos vacíos e infravivienda, al tiempo que se potencia las reservas de viviendas asequibles en las promociones privadas. La ciudad también ha sido la pionera en el Estado español en la propuesta de co-housing siguiendo el mecanismo de la cesión de uso del suelo y ha modificado la promoción de vivienda pública de venta hacia la promoción de viviendas de alquiler público, que representa un 80% del total de las nuevas promociones (4000 viviendas)(7).

A pesar de estos intentos e intenciones de la nueva legislación y de las nuevas promociones de vivienda social se arrastran tres problemas graves: el retraso acumulado durante años en materia de legislación y promoción de vivienda pública; la imprevisión flagrante ante las consecuencias de la crisis inmobiliaria -imperdonable para los responsables políticos- y la de su inevitable y permanente lentitud en avanzar en estos procesos, con pactos inacabables, estiras y aflojas, retrocesos, una enorme dificultad de condiciones, avances, puesta en práctica, la legislación y los cambios en la normativa.

A partir del año 2009, con la crisis económica en España, la situación ha empeorado para los usuarios. Los desahucios por no poder pagar la hipoteca y posteriormente por no poder cubrir los alquileres, se han convertido en uno de los problemas sociales más importantes en toda España. No olvidemos que en Estados Unidos más 30 millones de personas perdieron su vivienda a causa de la crisis de las hipotecas “subprime” la mayoría de afroamericanos y latinos.

Es por todo ello que hoy podemos hablar de un “neofeudalismo inmobiliario” que continua vigente. En la Edad Media, los señores feudales se fueron apropiando de las tierras de los campesinos a medida que había crisis de recolección, engrosando su ejército de siervos de la plebe. Hoy el sistema financiero ha elaborado un paso más sofisticado aún para concentrar el poder y el dinero para producir exclusión generando miles de siervos de unos bancos cada vez más en manos de fondos de inversión y grandes operadores internacionales que ya no tiene un rostro visible.

En el contexto latinoamericano la influencia de las políticas económicas difundidas por el BID y el Banco Mundial han resultado en políticas de vivienda nefastas promoviendo la cantidad y no la calidad a partir de los subsidios directos a la demanda. Como en Chile que fue el banco de pruebas aún bajo la dictadura de Pinochet: el Estado como mero intermediario entre la necesidad y la solución, la población y las constructoras respectivamente; al tiempo que el rol del Estado en el planeamiento, producción y mantenimiento desaparecía. Así surge lo que los arquitectos Ana Sugranyes y Alfredo Rodríguez denominan “el problema de los con techo”, viviendas de superficies ínfimas sin condiciones de habitabilidad en entornos periféricos y sin condiciones de ciudad. A esto han seguido las políticas del INFONAVIT en México, miles de viviendas en los páramos, más allá de las ciudades, que hoy han sido abandonado en gran parte, o el programa brasilero “Minha Casa Minha vida”; Colombia y Argentina también implementaron programas similares en menor cuantía. En definitiva se ha dejado que sea el mercado el que ofrezca un bien a un precio asequible cuando se ha dejado de controlar la calidad de la extensión urbana y de las mismas viviendas.

La responsabilidad de la arquitectura

Ciertamente todo está condicionado por las políticas de vivienda, pero la arquitectura no debería seguir siendo la misma, convencional y comercial sino que debería atender a los cambios que se están produciendo en las sociedades: cambios en la estructura familiar, migraciones, envejecimiento de la población, dificultades de los jóvenes para emanciparse, aumento de las minusvalías, incremento de las marginaciones de todo tipo, inclusión de las actividades de estudio y trabajo en la vivienda, etc.

En este fenómeno la arquitectura tiende a tener un papel muy secundario. Es el último factor, aunque no debería ser el de menor importancia. En este escalofriante baile de cantidades no debería ser desdeñable el hecho de la calidad de estas viviendas: su buena construcción, orientación y ventilación; que tuvieran una planta flexible y transformable, que favorezcan la diversidad de usos y su perfectibilidad y que potencie la igualdad de género y la desjerarquización; que estuvieran construidos siguiendo criterios de sostenibilidad; y que se consolide una cultura de conservación y reutilización de los edificios. En este sentido, una serie de criterios arquitectónicos no serían nada menores, sino que tendrían mucho que ver con la calidad de vida, la equidad y la sostenibilidad: disponer de un espacio exterior propio; que no haya baños privados en la suite, sino accesibles para todos los habitantes de la vivienda; que la fachada en cada orientación sea distinta; que haya espacios de guardado. Las cuestiones relacionadas con la desjerarquización no son menores, sino que son trascendentales para promover unos hábitos democráticos. El baño en suite es un escándalo de lujo y desprecio en un mundo en el que 2.600 millones de los habitantes del planeta viven sin saneamiento, es decir, 4 de cada 10 personas no tienen acceso a ninguna letrina o inodoro; y cuando disponer de agua potable aún es tan difícil para un sector de la población mundial(8).

El problema de la vivienda no se puede resolver con una única solución brillante, sino que debe abordarse desde frentes muy diversos, utilizando todos los instrumentos posibles y siguiendo procesos laboriosos: movimientos sociales, cambios en las legislaciones en las diferentes escalas administrativas, ayudas económicas, control del precio del suelo, de la vivienda terminada y de los alquileres, proyectos arquitectónicos experimentales y modélicos, mejora tecnológica y aplicación de criterios de sostenibilidad, en operaciones que apuesten tanto por la obra de nueva planta como por la rehabilitación; flexibilidad en los tipos de tenencia, promoviendo tanto la compra como distintas modalidades de alquiler, vida comunitaria o “masovería urbana”. Actuar sobre una injusticia tan flagrante como los miles de viviendas vacías es imprescindible pero no suficiente. Es clave asegurar una legislación a favor de la tenencia en el alquiler, con control de precios y garantías de continuidad.

Se trata, en definitiva, de potenciar una situación social alternativa a la creada en los años de predominio impune de los intereses de los ricos (que se incrementan en porcentaje) y los inversores; una situación que ya fue retratada en su momento álgido con fina ironía por Ferran Torrent, en sus novelas Sociedad limitada (2002) y Especies protegidas (2003), ambientadas en uno de los lugares de más descarada corrupción inmobiliaria en España: la costa valenciana.

Se trata de promover unas nuevas condiciones en las que los profesionales les correspondan tanto denunciar el problema social como reivindicar la necesaria calidad de la vivienda como objetivo de la arquitectura. Hoy el problema de la vivienda vuelve a ser el primero de la agenda urbana junto a los problemas medioambientales, la desigualdad y la movilidad. Para afrontar estos retos arquitectos y arquitectas han de reclamar su lugar justificarlo con propuestas sostenibles que defiendan la igualdad y los derechos humanos.

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  1. ENGELS, Friedrich, El problema de la vivienda y las grandes ciudades, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1977.
  2. ENGELS, Friedrich, Del socialismo utópico al socialismo científico (1880), Ricardo Aguilera editor, Madrid, 1968.
  3. ROLNIK, Raquel, “Confinamiento o conflagración: metrópolis brasileñas al límite” en A.A.V.V Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistemático, MACBA, Barcelona, 2009.
  4. ROLNIK, Raquel. La guerra de los lugares. La colonización de la tierra y la vivienda en la era de las finanzas. LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2017.
  5. MONTANER, Josep Maria. La arquitectura de la vivienda colectiva. Políticas y proyectos en la ciudad contemporánea. Editorial Reverté, Barcelona, 2015.
  6. KOTHARI, Miloon, “Informe del Relator Especial sobre una vivienda adecuada como elemento del derecho a un nivel de vida adecuado” en Naciones Unidas. Asamblea General, 7 de febrero de 2008. http://observatoridesc.org/?q=es/node/319
  7. http://habitatge.barcelona/es/estrategia/plan-derecho-vivienda
  8. GEORGE, Rose, La mayor necesidad. Un paseo por las cloacas del mundo, Ediciones Turner, Madrid, 2009.

[/mpc_callout][us_separator thick=»2″ style=»dotted» icon=»fas|circle» show_line=»1″ line_width=»default»][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#333333″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Josep Maria Montaner » title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#555555″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Catedrático de la ETSAB. Concejal de Vivienda y Rehabilitación del Ayuntamiento de Barcelona (2015-2019)[/mpc_callout][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#333333″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»Zaida Muxí Martínez» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#555555″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Profesora agregada de Urbanismo de la ETSAB. Directora de Urbanismo de Santa Coloma de Gramenet (2015-2019)[/mpc_callout][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#333333″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#555555″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Co-directores del Master Laboratorio de la vivienda del siglo XXI en la ETSAB desde el 2004 hasta 2014 (www.laboratoriovivienda21.com) desde ese año el Laboratorio organiza cada dos años el Congreso Internacional de Vivienda Colectiva Sostenible (2014 Barcelona, España; 2016 Sao Paulo, Brasil; 2018 Guadalajara, México; 2020, Alghero, Italia)

Autores de Arquitectura y política. Ensayos para mundos alternativos. (Gustavo Gili, Barcelona, 2011) entre otros libros.[/mpc_callout][/ultimate_exp_section][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][us_separator][/vc_column][/vc_row]

HABITAR / Cesar Acurio

[vc_row height=»auto» css=».vc_custom_1525978012963{padding-top: 0px !important;}»][vc_column][vc_row_inner][vc_column_inner width=»2/3″][vc_custom_heading text=»César Acurio – Arquitecto – Perú» font_container=»tag:h4|font_size:14px|text_align:left|color:%2387c695|line_height:16px» use_theme_fonts=»yes»][vc_custom_heading text=»Habitar» font_container=»tag:h2|font_size:40px|text_align:left|color:%2387c695|line_height:40px» use_theme_fonts=»yes»][vc_column_text]En Radar, estamos en la búsqueda de poder desarrollar conceptos esenciales de la arquitectura. La idea del sujeto y su mundo: habitar.[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#87c695″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#87c695″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]

Este concepto, ha llenado las páginas de muchas reflexiones desde mediados del siglo XX y podríamos decir que empezó con Heidegger, cuando en Darmstadt (1951), se manifiestó sobre la aguda crisis de vivienda que dejó la Segunda Guerra Mundial en Alemania, y cómo la reconstrucción abusó de la estandarización del diseño arquitectónico, haciendo a un lado la dimensión existencial y real del ser humano. Heidegger reflexiona sobre el sentido del vacío, habitar es necesariamente prescindible para construir.

«La esencia del construir es el permitir habitar. Sólo si somos capaces de habitar podemos construir.»

Ser-en-el-mundo, tiene sentido no solamente en el lugar que ocupamos ahora. Ser-en-el-mundo también es-ser-en-el-tiempo. A medida que permanecemos en el espacio, el Dasein va cambiando su configuración, a tal punto que un extraño se sabe extraño, sin importar la antropometría o la estructura que tenga el espacio. Aquí debemos preguntarnos por la labor del arquitecto y pensar cómo actúa y si su habilidad también radica en situarse a ambos lados de la experiencia.

El mismo Heidegger afirmaba que había un proyecto humano que permitía el Dasein, pero esto ¿es transmisible? ¿Cómo se enseña en las facultades? ¿Cómo es que los arquitectos, los encargados de construir este vacío con sentido, entienden y asumen el habitar de quiénes habitarán?

A Wang Shu, ganador del Pritzker 2012, su trabajo lo ha llevado a afirmar:

«Para mí, cualquier tipo de arquitectura, sea cual fuere su función, es una casa. Solo proyecto casas, no arquitectura. Las casas son sencillas. Siempre mantienen una relación interesante con la verdadera existencia, con la vida»

Entonces, ¿cómo entender esta dimensión existencial del espacio entre muros, volcada al proyecto arquitectónico? ¿Basta con alejarnos del funcionalismo dogmático que aún se mantiene en los talleres de diseño arquitectónico? ¿Cómo se sitúa este Dasein frente a algo que aún no existe, a lo que será proyectado?

En esta edición de Radar nos embarcamos en la actualización teórica del habitar, un «upgrade teórico», un entendimiento más amplio del estado actual de habitar, y cómo participa hoy de la poiesis arquitectónica.

[/vc_column_text][us_separator thick=»2″ style=»dotted» icon=»fas|circle» show_line=»1″ line_width=»default»][/ultimate_exp_section][/vc_column_inner][vc_column_inner width=»1/3″][us_image image=»2415″ size=»full» align=»center» meta=»1″ meta_style=»modern» onclick=»lightbox»][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]