[vc_row height=»auto» css=».vc_custom_1525978012963{padding-top: 0px !important;}»][vc_column][vc_row_inner][vc_column_inner width=»2/3″][vc_custom_heading text=»Atmósferas» font_container=»tag:h2|font_size:40px|text_align:left|color:%23d2e2a7|line_height:40px» use_theme_fonts=»yes»][vc_custom_heading text=»José Luis Delgado Otero – Artista Plástico – Perú» font_container=»tag:h4|font_size:14px|text_align:left|color:%23d2e2a7|line_height:16px» use_theme_fonts=»yes»][vc_column_text]Observaba a lo lejos, bajo el húmedo follaje, el resplandor que provocaba la lluvia al caer como látigo sobre el polvo en la trocha. En los alfeizares resbalaba la llovizna diagonal y su sustancia atomizada dibujaba tras de si, el espectro inmenso de un paisaje neblinado. Había en ellos tal cantidad de matices como el ultramar convirtiéndose en violetas, sienas y cerúleos; verdes, acaso rosas e inmemoriales grises. Con el grito de los truenos, la ínfima sensación de respiro se hacía más quieta, el corazón se suavizaba y mis ojos ya no se movían, se congelaban en el horizonte, en la silueta de los molles peinados por el viento y el aguacero.[/vc_column_text][ultimate_exp_section title=»Leer más» new_title=»Ocultar» text_color=»#d2e2a7″ background_color=»#ffffff» text_hovercolor=»#000000″ bghovercolor=»#ffffff» title_active=»#000000″ title_active_bg=»#ffffff» cnt_bg_color=»#ffffff» icon=»Defaults-circle» new_icon=»Defaults-circle» icon_align=»left» icon_size=»7″ icon_color=»#d2e2a7″ icon_hover_color=»#000000″ icon_active_color=»#000000″ extra_class=»interadar» title_alignment=»left» title_font_size=»desktop:13px;» title_line_ht=»desktop:13px;» title_margin=»margin:0px;» title_padding=»padding:0px;» desc_margin=»margin:0px;» desc_padding=»padding:0px;» font_family=»font_family:Comfortaa|font_call:Comfortaa|variant:700″ heading_style=»font-weight:700;»][vc_column_text]Recuerdo que aún no pintaba, es más, ni dibujaba, sin embargo quería plasmar -sin tener claro cómo- esas imágenes que se grabaron en mi mente y permanecieron inéditas ahí, durante algunos años. Nada me hubiera hecho sospechar en el desaforado vaivén de mis primeros años que un día viajaría al sur de mis recuerdos, para tomarlos y sacarlos a través de mi mano imperfecta e intentar copiarlos; y estando sumergido en mis reflexiones, advertí que la mayoría de ellos ya eran casi imperceptibles, etéreos, a pesar de mis esfuerzos se extendían horizontales y se precipitaban como derritiéndose, derribando de a pocos, cerros, montañas, arbustos y totalmente toda evidencia de geografía humana.
Ayudado por el agua y el color, pude finalmente salvar mi subconsciente, pude pintar atmósferas que la madre naturaleza nos obsequia y que nosotros -nefasta mundanalidad- nos hemos empeñado en eliminar y atropellar con nuestros humos.
Para los soñadores, el tren que parte precede a otro y sostiene -más por pasión que por razón- la idea del pasado mejor, la musicalidad del terruño erigiéndose en formas de lagos, lagunillas, andenerías y riachuelos acariciados por el tiempo y la sucesión de la eternidad del instante. La vida a todos los seres nos coloca sobre colinas que nunca pisamos, nos moja con tormentas que jamás presenciamos, nos lleva a recorrer la pampa y la chacra iluminada, y ese mundo viaja a través de una gota, en un segundo, sin comparación. Es el planeta tierra, es su magia.
De niño pude gozar de la calle abigarrada de miserias, deambulé sin rutas para subsistir. Alguna noche dormí en la intemperie, y si busco consolarme puedo decir que había cierta belleza urbana. Despertaba y entre legañas miraba primero desenfocada la furiosa ciudad, luego el ruido infernal perturbándome. A las 7.00 am., siempre.
Siempre.
Pero fue Arequipa la que despertó en mí el interés por ese paisaje, por interpretar de una vez por todas, la profundidad de esa visión y llevarla a un papel. Así que tenía un tema, al comienzo no sabía cómo capturarlo y adaptarlo para hacerlo mío, luego con el tiempo salió de mi entraña nostálgica, simple tal vez y nada más.[/vc_column_text][us_separator thick=»2″ style=»dotted» icon=»fas|circle» show_line=»1″ line_width=»default»][mpc_callout preset=»mpc_preset_21″ layout=»style_8″ title_font_preset=»default» title_font_color=»#0a0202″ title_font_size=»17″ title_font_line_height=»2″ title_font_transform=»none» title_font_align=»left» title=»José Luis Delgado Otero» title_margin_divider=»true» title_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:5px;» content_width=»100″ content_font_preset=»default» content_font_color=»#0a0000″ content_font_size=»12″ content_font_line_height=»1.5″ content_font_align=»left» content_margin_divider=»true» content_margin_css=»margin-top:0px;margin-bottom:0px;» icon_disable=»true» icon=»etl etl-happy» icon_color=»#f7f7f7″ icon_size=»80″ background_color=»#f7f7f7″ padding_divider=»true» padding_css=»padding-top:20px;padding-right:20px;padding-bottom:20px;padding-left:20px;» mpc_button__disable=»true» mpc_button__url=»url:%23|title:Link|» mpc_button__font_preset=»mpc_preset_20″ mpc_button__font_color=»#f7f7f7″ mpc_button__font_size=»16″ mpc_button__font_transform=»uppercase» mpc_button__title=»BUY LICENSE» mpc_button__border_css=»border-width:2px;border-color:#f7f7f7;border-style:solid;border-radius:0px;» mpc_button__padding_divider=»true» mpc_button__padding_css=»padding-top:12px;padding-right:30px;padding-bottom:12px;padding-left:30px;» mpc_button__margin_divider=»true» mpc_button__hover_font_color=»#75cdde» mpc_button__hover_background_color=»#f7f7f7″ mpc_button__hover_background_effect=»slide-top» mpc_divider__disable=»true» mpc_divider__preset=»mpc_preset_2″ mpc_divider__width=»10″ mpc_divider__lines_color=»#f7f7f7″ mpc_divider__lines_weight=»2″ mpc_divider__margin_divider=»true» mpc_divider__margin_css=»margin-bottom:-10px;»]Nacido en Lima el 24 de Marzo de 1970, migró joven a la ciudad de Arequipa donde estudió en la Escuela de Arte Carlos Baca Flor, de la cual egresó con medalla de plata por mérito académico. A lo largo de su trayectoria como artista ha ganado gran cantidad de premios nacionales de pintura y ha participado en numerosas exposiciones colectivas nacionales e internacionales: en Chile, Argentina, Alemania, Italia y EE.UU.
Expositor de la Bienal Internacional de Acuarela «Fabriano» 2018; ha sido seleccionado para participar en el 2019 de la Bienal Internacional de Acuarela Contemporánea en Albacete-Caudete, España.
Ha expuesto individualmente desde el año 2003 en galerías locales, entre ellas la del ICPA (2003) y el Centro Cultural Chávez de la Rosa (2018); en Lima ha expuesto en el Centro Cultural Colich (2015).
En el año 2019, expondrá en Lima en una muestra dual junto al artista plástico Jaime Antillaque, en donde mostrará lo más reciente de su producción pictórica.[/mpc_callout][/ultimate_exp_section][/vc_column_inner][vc_column_inner width=»1/3″][us_image_slider ids=»4126,4127,4128,4129,4130,4131,4132,4133,4134,4135,4136,4137,4138,4139″ meta=»1″ fullscreen=»1″ img_size=»full» img_fit=»contain»][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]